_Entiende, amor mío, nuestro hijo destruirá a sus hermanos y a nosotros cuando cumpla su madurez y sus poderes sean revelados, sabes que la fuerza del equilibrio es más poderosa que nosotros. Debemos deshacernos de él, es nuestra única opción, si no queremos ser destruidos. Dijo Ei con voz suave, sus ojos resplandecientes estaban clavados en los de Noc, estiró su mano con ternura y hundió sus dedos en los cabellos oscuros de la diosa.
_No lo permitiré, es nuestro hijo, ¡¿como no lo entiendes de una maldita vez?! Es el resultado de nuestro amor, no puedo creer que lo estés siquiera pensando. Gritó enfurecida y explotó en un llanto ahogado. Dos hileras de lágrimas negras recorrieron su piel blanca como el mármol. Ei la miró con amor infinito y la abrazó, apretándola contra su pecho.
_En mi está la responsabilidad de albergar la protección de Arianor, soy yo el que enjuicia lo mejor para nuestro mundo, si nosotros no estamos tu padre y mi madre se apoderaran de lo poco que queda, la luz te ha mostrado el porvenir y aun así lo proteges, eso es algo que solo una madre como tu puede regalar.
_¡¿Que madre no esta dispuesta a morir por su hijo?! Respondió decidida.
Ei se separó con delicadeza y caminó hacia el gran ventanal de la alcoba, y observó el mundo que habían creado.
_Entonces. Acusó Ei sin mirar a su amada a los ojos. _Abandonarás a todas las criaturas que has dado vida. Las dejarás vagar por estas tierras ciegos hasta su muerte directos a las garras crueles de Norgondor. No podrás mostrarle la dicha de vivir en nuestro mundo, no podrás responder a sus plegarias y solo ocasionarás que el amor que alguna vez sintieron por ti se convierta en odio y repulsión cuando sientan que ya no habitas en El Palacio ni en este mundo. Lo último lo dijo con un tono de amargura.
Noctis, cayó al suelo de rodillas y su cabello largo y espeso cubrió los suelos plateados, había parado de llorar, pero sus mejillas pálidas estaban manchadas de sus negras lágrimas. Ei se volteó para verla, su corazón se apretó de repente, la belleza pura de Noctis se había esfumado, y solo podía ver a una madre deshecha por la pena. Y pudo comprender que cada día se estaban haciendo más humanos. Cada vez que daban nacimiento a un dios, entregaban parte de su esencia y desde el nacimiento de Gorandor, las esencias de Ei y Noctis estaban casi agotadas.
Ei levantó la mirada, contemplando los mosaicos del cielo donde el alba y el ocaso se unían en uno solo _Sabes que desde que estamos juntos nuestra esencia cada día se hace más débil y los hilos con los que controlamos la paz de Arianor se vuelven cada vez más finos.
Noc se acercó arrastrando a su esposo, Ei se arrodilló y la diosa depositó sus delicadas manos en las mejillas del dios _Lo he notado, amado mío, pero mi esencia sabe que no estaría completa si tu no estás a mi lado_ dijo susurrándole al oído y luego lo miró con ternura a los ojos.
Ei entrelazó sus brazos acercando a Noctis a su cuerpo, y cuando sus narices se rozaron, se sumergieron en un beso profundo, dejando atrás todas sus preocupaciones. Los mantos de la diosa cubrieron el palacio como una danza y la armadura brillante del dios sonó como una hermosa melodía en los suelos de plata del palacio. Ambos se habían despojado de sus vestimentas, y los brazos morenos del dios resaltaban en la piel nívea de la diosa.
Sus pasiones se desbordaron una vez más, dejando el mundo que habían creado a su suerte, ya que cada vez que las pasiones se desataban, también lo hacían los hilos que mantenían la paz en sus tierra y la pequeña cuna donde Gorandor dormía tranquilamente, fue ultrajada por unos brazos suaves y afectuosos.
_No temas pequeño hermano, ahora estarás seguro en nuestras manos. La voz de la pequeña Sandori, sonó suavemente como un eco en los sueños del bebé.
Cinco dioses, atravesaron los campos santos aquel día, por el delgado umbral que separaba a la luz de la oscuridad, un camino cubierto de tinieblas y ríos de luz, donde esporas brillantes como luciérnagas y gotas de oscuridad como pompas de jabón se mezclaban formando un paraje donde aquellos dos elementos mantenían una confrontación natural para ganar territorio. Farindor el mayor cargaba al bebe bajo su túnica, no permitiría por ningún motivo que Norgondor lastimase a alguno de sus hermanos. Ahora que el Mundo que sus padres habían creado ya no era seguro para ninguno de ellos, debían escapar, escapar del odio de Norgondor y el control de Siriandori.
_Debemos llegar a la desembocadura de EilesDorlin
Farindor le dedicó una sonrisa a su hermano y abrazando a Gorandor contra su pecho siguió el rumbo hacia EilesDorlin. Su cuerpo ya había alcanzado el desarrollo perfecto de un Dios. Su cabello Rojizo y recortado se elevaba al cielo como una fogata al viento y sus ojos rojos como las llamas podían atravesar cualquier obstáculo y revelar los secretos mas escondidos ya sean en la tierra como en los vivos, podían ver mas allá de la luz incandescente y de la oscuridad mas profunda. Por eso era el líder por naturaleza, el podía atravesar los campos del Alba y del Ocaso sin problemas.
Tras unas horas de andar, Farindor se detuvo.
_¿Ocurre algo hermano?_ la voz preocupada de Sandori viajó como una pequeña ave a los oídos de Farindor.
Los hilos que atraviesan nuestro mundo y que lo conectan con Arianor se han desatado, debemos darnos prisa, nuestro abuelo atravesara las defensas en cualquier momento y El Palacio quedara en sus manos, los arcángeles no tendrán ninguna posibilidad contra el ejercito de demonios que comanda.
Lindori se llevó las manos a la boca y sus ojos como dos esmeraldas brillaron de terror. Su madre iba a ser castigada por traición, al igual que ellos si eran capturados.
Farindor apuntó con su dedo índice un punto blanco entre la niebla incandescente del campo del Alba _Ya es hora de abandonar el sendero del Umbral y atravesar los campos del Alba. Pero habrá que tener cuidado, los Ángeles de nuestro padre vuelan con sus grandes alas emplumadas por aquellas tierras, y la luz les mostrara fácilmente nuestro paradero, debemos ser cautos y no llamar la atención.
Lindori apretó con más fuerza la mano de su hermano e Isindor sintió una terrible angustia por poner a sus hermanas en este apuro, pero ellas sabían que era la única salida para salvar a Gorandor de las manos egoístas de sus padres.
_No se preocupen hermanos. Nuevamente la voz dulce de Sandori llenó los corazones con tranquilidad. Y tras entonar una dulce melodía los vestidos blancos de la pequeña diosa, se deshicieron en miles de pequeños pájaros tranparentes cubriendo a todos sus hermanos bajo un manto de aves. _Ellas nos ocultaran, los Delinar tienen un plumaje especial que los hacen invisibles, ellos nos darán la protección que necesitamos. Dijo con una sonrisa en los labios. _Ahora Farindor, guíanos hasta EilesDorlin y naveguemos hasta la tierra de los hombres, de seguro allí estaremos a salvo. Y tras decir aquellas últimas palabras, Sandori cayó en un sueño profundo tras ocupar gran parte de su esencia.
Isindor abrazó su cuerpo desnudo con ternura _Gracias pequeña hermana por el regalo que nos has entregado, ahora es nuestro deber protegerte a ti.
Farindor, entrecerró los ojos, y no muy lejos de allí, pudo distinguir el reflejo incandescente del río de la Luz que caía como una catarata sobre las tierras de los hombres. _No queda mucho. Dijo por fin el mayor. Será mejor que apuremos el paso y lleguemos lo antes posible.
Isindor tomó a sus dos hermanas en brazos y junto a Farindor, emprendieron una carrera, ocultos bajo el manto de invisibilidad de la pequeña Sandori. Los Ángeles atravesaban la luz pura por todas direcciones, desde el aire agitando sus enromes alas o desde el suelo brillante que parecía opaco al compararse con la luz propia que emitía cada una de aquellas criaturas. Eran seres intangibles de brillante armadura y togas de color blanco y algunas que otras prendas doradas y rojo escarlata. Sus hermosos cantos inundaban los campos del Alba, y su belleza deslumbrante hubiera matado a cualquier humano de tan solo verlos, pero la belleza de los Ángeles no tenía comparación con la de los dioses, en especial con la de Lindori, la de largos cabellos platinados.
Noc entrecruzó sus pálidos brazos por la cintura de su esposo. _Vendrá a por mí. Y una lágrima negra recorrió el cuerpo desnudo de la diosa. _Al menos nuestros hijos han escapado, y eso me reconforta, el nunca sabrá que existen cinco dioses que pueden quitarle el trono algún día. En ese instante cientos de látigos de oscuridad la atravesaron. Y la voz de Norgondor resonó como mil gritos de odio y terror.
_Reclamo lo que fue creado con mi propia esencia, reclamo a mi hija y reclamo a Arianor, aquel patético mundo que fue creado a mis espaldas.
Ei abrazó el cuerpo de su amada sin soltarlo, y no vaciló ante el mal dominante, su valentía no tenía comparación. Los látigos empezaron a jalar a la diosa hacia las estancias de su padre. Ei la aferró con todas sus fuerzas, pero la de Norgondor era suprema, una fuerza acogedora abrazó a Ei, e hizo apartarlo de su amada, Su madre había venido por él, no iba a dejar que Norgondor se lo llevara también. Aferró la tierra del alba con fuerza, no permitiría que el mal se apoderara del elemento que ella más amaba, la luz. Y Con un gran estruendo La tierra del Alba y del Ocaso fue separada, La tierra del Alba fue expulsada hacia el cielo lejos de Arianor y la tierra del Ocaso quedó vagando alrededor del mundo gracias a los poderes de Noctis, para recordarles a sus hijos que ella siempre los iba a proteger, aun cuando este encerrada en los mas profundos calabozos de su padre. Los hombres los llamaron a la tierra del Alba, Einor
Tras sentir el gran quiebre que separó ambos mundos, la luz de la tierra del alba se acrecentó y los ojos de Isindor quedaron completamente cegados, ahora no podía ver absolutamente nada, solo se limitaba a seguir los pasos de su hermano. Farindor posó su mano libre en su hombro y lo guió hacia el puerto de los navíos.
_Nuestro abuelo se ha hecho con el gran palacio, ya no tenemos vuelta atrás. Susurró Lindori, ella nunca hablaba demasiado, solo cuando era necesario, y ella necesitaba convencerse de que nunca mas iba a ver a sus padres ni la tierra en donde había crecido, aunque nunca sintió que aquellas tierras eran el lugar al que pertenecía, ella siempre soñaba con tierras verdes y frondosas llenas de vida, olores y sonidos y no con aquellas tierras donde la luz lo es todo y la oscuridad esconde todo.
Isindor se había echo amigo de un ángel hace muchos siglos y los lazos que unían aquella amistad eran más fuertes que el control de Ei sobre sus criaturas. Azoratmiril
Farindor nuevamente se detuvo.
_¿Qué ocurre?. Susurró con tranquilidad Isindor. No podía ver absolutamente nada, pero algo en la atmósfera había cambiado súbitamente, como si la luz tratara de retenerlos, sus cuerpos se habían hecho mas pesados y sus movimientos mas torpes.
_Uno de los primeros sabe de nuestra existencia. Farindor parecía tranquilo, pero Isindor sabia que no era así, sentía remordimiento por no poder compartir el peso de aquella traición con su hermano, ya que al ser el mayor, toda la responsabilidad cae sobre sus hombros.
_No te preocupes hermano, saldremos de esta, te lo prometo. Le respondió tranquilo Isindor, aun sabiendo que aquella sensación que había en el aire, podía solo corresponder a una sola cosa, y eran Amirilest Sarolei
Tras correr unas horas, los 5 dioses traspasaron los campos de la Aurora y llegaron hasta el Río de Luz que desembocaba hacia Arianor, en aquel lugar la luz era expulsada hacia la tierra como una catarata que baña las rocas. La luz en aquel lugar era más amable y los ojos de Isindor pudieron ver una vez más.
_Lo hemos logrado. Dijo Lindori mirando los ojos profundos de su hermano. Las miles de aves emprendieron el vuelo revelando su secreto, dejando a los dioses a plena vista, ahora de seguro los Arcángeles sabían donde se encontraban. Luego cada Delinar estiró sus alas y cayeron en picada girando alrededor del cuerpo de Sandori, cubriéndola tiernamente con sus vestimentas. La pequeña diosa despertó y pudo ver a un hermoso ángel a sus pies.
_¡Ázora! Gritó Isindor con ferviente alegría y corrió hacia los brazos de su amigo.
El ángel solo le respondió con una sonrisa. Luego su rostro denotó una terrible preocupación e Isindor sabía que la culpa era suya. _No te angusties amado amigo, esto es lo que debemos hacer, padre quiere destruir a Gorandor y madre no tiene la fuerza para detenerlo. Marcharse de esta tierra es nuestra única salida. Isindor ya había hablado de esto con Azoratmiril, pero el ángel no terminaba de entenderlo, su alma pura no entendía como el acto de su creador pudiera ser tan egoísta, pero el no era nadie para cuestionar las decisiones de un dios. Lo único que podía hacer ahora era aconsejarlos.
_Se que ya nada puedo hacer para detenerlos, pero tengan presente una cosa. Las tierras a las que viajan en busca de refugio, son las tierras de sus padres, ¿en realidad creen que pueden esconderse allí entre los humanos? El ángel miró la cara de preocupación de cada dios y entendió que aún eran muy jóvenes para el destino que les aguardaba, y entonces decidió darles un último consejo.
_Queridos hijos, mi vida ha sido larga, fui uno de los primeros, antes de que la tierra del Alba y el Ocaso existiera, antes de que su Padre conociera siquiera a su madre, conozco a Siliandori más de lo que quisiera y se que ella no tendrá piedad al encontrarlos, ella es la única creadora y guardara celosa aquel título, solo sus creaciones tienen el derecho a crear bajo su atenta mirada y ustedes que nacieron del amor de dos dioses prófugos de sus creadores, nacieron bajo un manto de Noctis para que los primeros nunca supieran de su existencia, pero ahora Siliandori sabe que existen, porque sus esencias juntas son un faro en la completa oscuridad y ella pudo distinguirlos, al llegar a Arianor deben separarse para no ser encontrados. _El ángel miro a las pequeñas diosas que tenían los ojos cubiertos en lagrimas, no estaba dispuestas a ser abandonadas en un mundo que no conocían, y Farindor no permitiría que eso ocurriera, no aún.
Azoratmiril comprendió que aquello iba a ser muy difícil _En ustedes está el poder para crear, El Brethel es su lengua, la lengua de los creadores. El ángel desplegó sus alas y miles de plumas blancas volaron alrededor, su vista estaba fija en el horizonte, los Arcángeles de la Aurora estaban cerca.
_Juntos deben crear una tierra nueva y extensa, donde sus abuelos no tengan derecho a reclamarla ya que ahora sus padres no serán un problema. Norgondor se ha llevado a Noctis a sus tierras en las profundidades del Vacio y su padre a vuelto con Siliandori arrepintiéndose de su traición y a tomado el mando una vez más del ejército de arcángeles. Ustedes pueden pisar la tierra de sus padres porque llegaran a ellas como dioses en los Navíos de Irilia, pero ellos no tienen el derecho de pisar las suyas si no han sido invitados. No se separen y creen juntos un mundo donde Gorandor pueda vivir en paz, hasta que su desarrollo este completo y traiga el equilibrio y la paz a la tierra.
Tras unos segundos de silencio Azoratmiril sentenció _Ahora suban al barco y zarpen que los arcángeles están cerca.
Los cuatro dioses entendieron las palabras puras del Ángel, y subieron al barco, menos Isindor que estalló en llantos. _Ven con nosotros Ázora, cuando Siliandori sepa que nos ayudaste, mandará a padre para que te destruya y no podré vivir con esa culpa. Isindor había rodeado la cintura del Ángel y hundió su cabeza en su pecho para ocultar sus lágrimas.
Azoratmiril lo miró con los ojos de un padre. _No temas por mi destino, ya que ya fue cumplido. Mi vida ha sido larga y si Ei decide en que ya no debo seguir en sus tierras tiene todo el derecho de quitarme la vida porque el me la concedió. No me igualo a ustedes queridos dioses. Los ángeles somos mensajeros del Bien y a diferencia de los Arcángeles no estamos hechos para la batalla, asique mi fuerza no les ayudara en nada. Solo seré un estorbo. Pero haré lo posible por darles el tiempo para que escapen. Los demás ángeles han buscado refugio en Arianor cuando la tierra del Alba se separó, asique no les ocasionarán problemas, pero los Arcángeles de la Aurora Vienen en camino.
El ángel tomó a Isindor por los hombros y lo besó en la frente. _En tu interior residen todos los dones que Ei le dio a cada uno de sus ángeles, por eso se que serás un gran dios en el mundo de los hombres, trátalos con piedad y amor, y no los mires en menos como lo han hecho tus abuelos. Por lo que he aprendido los humanos aun teniendo un cuerpo débil y vidas cortas, son fieles y amables y su capacidad para adaptarse supera a la de cualquier criatura ya que su alma no esta sujeta a los hilos de los dioses, pero allí reside su mayor debilidad ya que deben encaminarlos al bien porque al ser tan adaptables, sus corazones no respetan un alineamiento. No cometan las mismas equivocaciones que tus padres, ya que ahora mismo en Arianor una guerra entre los hombres del día y los hombres de la noche se está llevando a cabo y lo que ustedes conocen como paz, allá hace milenios que ya no existe. Los Arcángeles han destruido a Ophismiril “La Ángel de la Paz” al ingresar a La tierra del Alba y ahora Arianor esta sufriendo las consecuencias, ya que el tiempo en la tierra de los hombres vuela a intensa velocidad y un segundo acá son siglos allá.
Isindor se removió las lágrimas y sus profundos ojos azules quedaron serenos como una laguna en una tarde sin viento. _Nunca te olvidaremos. Luego Isindor le regaló una última mirada rebosante de amor y pasó a tomar el timón del navío. El ángel derramó una lágrima de felicidad, y les dio la espalda. Ahora ya nada lo ataba a Ei, todos los hilos de luz habían ido a parar a la esencia de Isindor, e iba a dar su vida por detener a los Arcángeles del Alba.
Farindor se despidió de su mundo con una última mirada y desató la cuerda que los retenía al muelle e Isindor tomó el control de la nave. Aquella embarcación parecía funcionar a su voluntad y el torrentoso río de luz no parecía afectarlo en lo más mínimo. Lindori miró al cielo y vio como Azoratmiril tomaba altura, y como un destello los siete Arcángeles de la Aurora mostraron sus grandes figuras majestuosas. Cada uno vestía armaduras brillantes que los cubrían completamente y portaba un gran acero que resplandecía como un sol. Era obvio que Azora no podía hacer nada físicamente para detenerlos, pero si sabia un conjuro que los mantendría a raya hasta que el barco cayera por el horizonte. Y así tras recitar un hechizo en antiguo Brethel, el Ángel de la piedad traicionó a su creador y desobedeció a sus superiores, los siete Arcángeles quedaron atados al suelo y al cielo con miles de cadenas de luz que los mantenían cautivos, pero aquel hechizo era solo un obstáculo para aquellos Arcángeles y usando sus espadas, las cadenas se cortaron en miles de pedazos, pero Azora no bajó el rostro. Solo les regaló una sonrisa y vio su reflejo en las espadas de los Arcángeles
_Lástima que la piedad como la paz, sean borrados para siempre de Arianor. Aquellas fueron sus últimas palabras. Luego su sangre se desparramó en el río de la Luz.
Isindor no miró hacia atrás porque sabia que si lo hacia, su voluntad lo obligaría a volver, pero su esencia comprendió que la seguridad de Gorandor era lo más importante.
Una supernova destruyó los puertos y los navíos que aun quedaban atados, y del humo y las cenizas, Ei apareció justo en el instante mismo cuando la vela blanca desapareció tras el horizonte, por fin los 5 dioses habían cruzado la frontera hacia Arianor.
El mundo de los humanos ya no era la tierra que ellos habían observado la mañana anterior desde los ventanales del Palacio del Alba y el Ocaso, ahora era un mundo destruido por las incesantes guerras entre las gentes diurnas y las gentes nocturnas. Tras unos días vagando por Arianor, distinguieron a aquellas extrañas criaturas llamadas hombres.
Los del día, estaban curtidos por el incesante sol, tenían la piel morena y los cabellos rubios, y el color de sus ojos variaba entre los colores terrosos. Vestían ropas ligeras, de los colores del cielo y en batalla se cubrían completos con armaduras de hierro al igual que su Dios. Preferían el combate cuerpo a cuerpo y eran sumamente organizados al momento de luchar, preferían las espadas y los largos escudos. En tiempos de paz, que eran muy efímeros, disfrutaban de las aguas doradas que bañaban las orillas de sus ciudades y en las tardes antes de que Einor desaparezca tras el horizonte se reunían en el gran templo de Ei para pedir que el gran sol nunca dejara de aparecer tras el horizonte. Eran un pueblo feliz pero intolerante ya que no permitían que la gente de la noche pisara sus tierras. Se regocijaban de la buena vida, cada día se terminaba en un gran banquete que despedía al Gran Astro. Y luego los hombres y mujeres entrenados en el oficio de la guerra se vestían de sus plateadas armaduras y sus capas doradas, empuñaban sus aceros brillantes y sus escudos escarlata. Aceptan a Siliandori como su diosa principal antes que todos, pero siempre llevan en el corazón la imagen de Ei. Sus ofrendas materiales se las entregan a la Primera pero su corazón y devoción al dios de la luz. Y en la hora del Ocaso empezaba la guerra. Aquella hora intensa en donde ambos pueblos daban la vida por defender los ideales de su dios, sin saber bien el por qué de la separación de los grandes astros. Del gran Einor y la protectora Nonor.
Los hombres de la noche eran pocos y esparcidos por las tierras de Arinor, cubrían su piel pálida con trajes de cuero y cintos negros que los camuflaban entre los escondrijos de la noche. Sus cabellos negros eran rapados y cubrían su piel con tatuajes geométricos que cantaban poemas a la diosa de lo oscuro. Sus ojos rojizos centelleaban en la noche escudriñando cada rincón en busca de sus presas ya que a diferencia de los hombres del día preferían la emboscada que el ataque cuerpo a cuerpo. De cuerpos ágiles y pasos silenciosos y sus armas predilectas rondaban entre las cerbatanas, dagas, y pequeños proyectiles de acero y veneno. Cada golpe que hacían era mortífero, sin dar aviso de su presencia. Surcan las ciudades del Día delicadamente como sábanas que se ondean al viento y mortíferos como una serpiente clavan sus armas en los cuerpos dormidos de sus victimas. Los hombres nocturnos vivían en ciudades escondidas, sobre grandes bosques o cavernas subterráneas. Lejos de los rayos del sol, y sólo salían cuando en el día tanto Einor y Nonor surcaban el cielo y les otorga la protección mágica que necesitan, ya que el sol los quemaba y les iluminaba sus mas oscuras pesadillas. Son gente seria y de sentimientos profundos, tienen un gran respeto a la familia y siempre esta la paz antes que todo, enamorados de la luna y las estrellas, pero desde que la gente del Día declaró el exterminio de su gente han tenido que aprender a defenderse y ocultarse. Detestan a las creaturas de Norgondor tanto como a la gente del día, ya que ellos son los que corrompen la oscuridad y provocan que se le tema más de lo que se le pueda amar. Por lo mismo no aceptan a Norgondor como a su dios principal, y deben enfrentarse a aquella decisión, ya que el Primero quiere ser venerado como el único, y el que no lo aceptara debía ser destruido.
Lindori había enfermado el día que habían llegado a la costa de Arinor, y cada día la fiebre que la invadía se hacia mas intensa. Farindor no podía encontrar cura a aquella enfermedad e Isindor buscaba la solución dentro de sus pensamientos. Sandori por su parte recorría los campos desde el aire, transformada en una hermosa ave. Animal que en Arinor no existía ya que el cielo solo era para los ángeles.
Una tarde cuando Einor había salido por quinta vez desde la llegada de los dioses a la tierra y Nonor se encontraba orgullosa en el cielo iluminado, una sombra atravesó los arbustos del pequeño claro en donde los 5 dioses habían improvisado un campamento. Farindor había divisado a aquel intruso hace minutos y confiaba en que solo pasaría de largo sin darse cuenta de su presencia. Pero el individuo, si lo hiso y se acercó sigiloso directo a la fogata que habían preparado. Isindor remojaba la frente de su hermana para bajarle la fiebre y Sandori había aterrizado hace unos minutos a su lado preocupada. Gorandor dormía apaciblemente, no había dado problema alguno, era como si el supiera todo lo que había pasado y lo entendiera perfectamente.
El intruso atravesó los arbustos y distinguió la fogata que resplandecía al centro del campamento. Miró alrededor pero no vio a nadie. Llevaba cortes por todo el cuerpo, vestía la ropa de la gente nocturna, y estaba tapado con una capucha plateada con el símbolo de Noctis bordado en la espalda. Sandori oyó el galope de una bestia que venía hacia ellos, seguramente lo perseguían. Los dioses no se habían movido de sus lugares, porque tenían la habilidad de pasar inadvertidos si querían frente a mentes tan poco desarrolladas como la de los humanos.
El misterioso hombre se sacó la capucha y reveló el rostro cansado de un adolescente.
_Debemos ayudarlo, esta sangrando tanto interna como externamente y su cuerpo no lo resistirá, su vida se esta agotando, puedo oírlo en su corazón. Sandori se había acercado a Farindor, pero el dios no le había tomado atención.
El joven se arremangó la túnica y empuñó un símbolo que representaba la fe ciega hacia Noctis, y la besó, en ese instante un caballero del Día apareció tras el follaje montado sobre un caballo blanco y desenvainó su espada de plata.
El joven no dio paso atrás.
El caballo relinchó levantando sus dos patas delanteras y el caballero sentenció _No podrás seguir huyendo. Aquí yacerá tu tumba, hijo de la noche. Hoy has ido demasiado lejos al entrar de día al palacio real, has matado al gran sacerdote, pero eso no detendrá los sacrificios que seguiremos haciendo a nuestro dios. Tu gente será el ganado, que desangrarán hasta que Siliandori sea la única diosa de Arinor. El caballero había desmontado su corcel y acercó la espada al cuello del muchacho.
El joven asesino ya había completado su misión, estaba feliz, no se arrepentía del acto que había echo. Su pueblo lo recordarían orgullosos.
El caballero levantó la espada de plata, y se sacó el yelmo dejando caer una melena de cabello rubio sobre su armadura. La mujer lo miró con lágrimas en los ojos. Lo siento Kalim, es mi deber honrar los designios de mi diosa.
El asesino la miró a los ojos y respondió. _¿Pero cuáles son los designios de tu corazón, Pandora?. La adolescente sin pensarlo soltó la espada y se lanzó a los brazos de Kalim.
_Mi corazón está contigo y nunca me separaré de ti. Debemos irnos alejarnos de acá a una tierra nueva. Lejos del odio de nuestra gente, odio sin razón. Hace miles de años, Einor y Nonor eran uno solo como lo ves ahora en el cielo. Y nuestra gente convivía en paz. Algunos amaban la luna, otros al sol, pero el constante atardecer era de todos. Justo como este. Dijo la muchacha mirando el cielo anaranjado y rojizo sobre sus cabezas.
Kalim la miró con infinito amor. Y depositó un apasionado beso en sus labios. _Te amo Pandora.
En ese momento, Lindori despertó abruptamente de su sueño, y un gritó melodioso resonó por cada rincón del continente de Arinor. Un viento fuerte, un terremoto agitado y la confusión se apropio del lugar.
Y como de un sueño Kalim y Pandora despertaron en una tierra nueva la cual fue llamada Uhlnor, hogar de cada creatura que Lindori había soñado, hogar de las nuevas razas que habían creado los dioses para ayudar a mantener la paz. Razas inteligentes y mágicas, con poderes sobrenaturales, que a diferencia de nosotros están unidas a ellos y a sus propósitos. Luego de que esta tierra maravillosa fuera creada, la leyenda cuenta que los 4 dioses se repartieron el nuevo continente que habían creado, Farindor tomo el desierto y los acantilados y los peligrosos volcanes, Sandori los cielos y las altas montañas, Isindor los océanos, ríos y lagos y Lindori se quedó con lo que más amaba, los valles, bosques y praderas, con el fin de que Gorandor, cuando haya alcanzado la madures pueda tomar este continente y esta tierra ya este lista para ser reinada en perfecta armonía, y el quinto fue ocultado para que viviera una vida normal hasta que alcanzara su madurez.
Y así fue como llegamos a esta tierra hermosa llena de criaturas sorprendentes, árboles milenarios y magia bajo cada piedra. Ahora duerman pequeños porque mañana será un largo día de entrenamiento y a Isindor no le gustará que sus guerreros se queden dormidos. Dijo con voz cariñosa Turanil, un guerrero del ejército del Sur. Había subido a la habitación de los huérfanos a contarles un pequeño cuento antes de dormir, el también había perdido a sus padres en la guerra y se sentía muy identificado con los pequeños.
_Una más, Turanil. Dijo Anazyr con excitación. _Solo una más y nos dormiremos, cuéntanos ahora, como se creo el Gran Cinturón de Lindori.
_¡No!. Mejor cuéntanos sobre las grandes aves que migran cada año desde las tierras del norte y anidan en los ancestrales robles del Pueblo de la Aurora. Dijo Lanariel, abriendo sus grandes ojos Celestes.
_No necesitamos saber nada del norte. Sentenció Tordos mirando a Lanariel con reproche. Los únicos cuentos que quiero escuchar son los de aquí, los de nuestra tierra. Nárranos por favor, el cuento de los tres grandes guerreros de Isindor, El Gran Oso Blanco , El lobo Sagaz y el Águila Cordial.
Turanil los miró con una sonrisa en sus labios, recordó cuando los tiempos de paz dominaban Uhlnor, ahora la oscuridad de Norgondor había alcanzado sus tierras hace 5 años, y habían aniquilado a la cuarta parte de toda su gente. Habían pasado de ser un gran país orgulloso a un desbaratado y olvidado pueblo, olvidado de la gente del norte que antes habían sido sus hermanos pero que ahora los habían dejado a su suerte.
Naryslin
En aquel pueblo solo quedaban los soldados que hace 5 años no tenían la edad suficiente para pertenecer al ejército del Sur y los huérfanos que habían quedado tras la muerte de sus padres en la batalla. Los clanes que conformaban la sociedad del Sur se habían desintegrado y solo quedaba un grupo de sobrevivientes, sin esperanza alguna. Tras la Gran masacre y la caída de los 4 fuertes, Isindor selló el portal por donde los demonios atravesaron hasta GoranOrodre
_No pequeños, es hora que duerman, necesitamos que estén preparados tanto física como mentalmente para el entrenamiento de mañana. Turanil se había puesto de pie y poso su mirada en cada uno de los niños _Ustedes serán los que le devuelvan el orgullo a nuestro pueblo. Pensó
Osor Noc-rilan
_¿Tordos, crees que la historia ocurrió de verdad?. Anazyr se había acurrucado como un ovillo dentro de su cama y solo había dejado afuera sus grandes ojos cafés, el frío era insoportable y solo así podía generarse un poco de calor.
_No lo creo. Son solo cuentos de hadas. Ahora duérmete que mañana tendremos práctica muy temprano. Dijo Anazyr bostezando.
_Cállense de una vez, no ven que trato de dormir. La pequeña Lanariel acusó enfadada y todos guardaron silencio inmediatamente. Pero Tordos en el fondo se su corazón quería creer que aquella historia era cierta y que tal como le paso a Kalim y Pandora, los dioses le dieron una nueva tierra, donde la paz y a alegría brotaban como agua de un estanque. El quería que eso le ocurriera a el y a sus amigos, quería que un Dios le regalara un poco de paz una vez más.